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09/04/2018

CONSUMO, DERROCHE, POBREZA Y CONTAMINACION

El consumismo es un hecho actual del cual no tenemos real conciencia de sus efectos sobre la naturaleza, no solo en la devastación de los recursos naturales no renovables, sino en la acumulación de desperdicios tóxicos, aplicación de pesticidas e insecticidas en cultivos, desechos industriales al suelo, aire y aguas de mares y ríos, polución ambiental por doquier, especialmente en los grandes centros poblacionales, donde los residuos urbanos no siempre se tratan adecuadamente, y la lista sigue (contaminación lumínica, electromagnética, por radiación atómica etc., etc.).

Para producir cada vez más alimentos, ropas, bebidas, equipamiento electrónico, autos, máquinas, etc., hace falta cada vez más materias primas e insumos, no solo en cantidad sino más baratos, no importa su origen ni la mano de obra empleada (países donde la explotación de la mano de obra llega a niveles de semi esclavitud y servidumbre). Las grandes empresas industriales de los países más desarrollados del mundo, acuden rápidamente a relocalizar sus fábricas allí donde la mano de obra es más barata y los gobiernos más permisivos. En lo laboral, trabajan más de 12 horas por salarios de miseria, sin importar las condiciones de las instalaciones ni la salud de sus empleados.

Estos abusos tuvieron su cenit en Bangladesh, con el derrumbe de Rana Plaza en el 2013, donde miles de personas trabajaban (y aún hoy lo hacen) por salarios mensuales máximos de 100 dólares, fabricando ropas de las más importantes marcas del mundo. Allí colapsaron los cinco pisos de talleres que provocó la muerte de 1134 personas y 2.500 heridos.  Nadie lo recuerda porque a las empresas internacionales que comercializan esos productos no quieren ver afectada su reputación, sus ventas y sus ganancias.

Pero el sistema está diseñado para consumir. No importa cuánto tengamos, queremos más y hacemos lo indecible por conseguirlo. El plasma de mayor cantidad de pulgadas, la mejor computadora, la fiebre por el mejor teléfono celular (hasta los niños muy pequeños lo quieren), las zapatillas de marca mundial, la ropa ídem y así todo. No importa si nuestro semejante no tiene que ponerse o peor aún no come, es desnutrido, no tiene techo digno ni trabajo permanente. Las estadísticas dicen que bajó la pobreza, y eso es suficiente. Pero no miramos los números fríos detrás de los índices: hay en el país casi diez millones de pobres y eso es una mácula insalvable para cualquier gobierno.  Argentina crece, lo dice el INDEC, la venta de autos es récord de las últimas décadas y bajaron los precios de electrónicos, el turismo interno es abrumador y el futuro nos espera con los brazos abiertos. Pero claro, solo para algunos.

La fiebre consumista llega a todos lados. Las compras vía internet de productos importados, los tours de compra a países vecinos, las compras en viajes de turismo y las importaciones de productos superfluos, golpean a todos los sectores, pero mucho más a las pymes regionales.

Quiero mencionar y destacar algunos conceptos de Javier Arroyuelo en la revista La Nación del 25 de Marzo, quien bajo el título “Por una moda limpia: la sustentabilidad”, dice cosas como: “…Los productos diseminados sin interrupción por la moda rápida provocan un daño ambiental permanente, profundo y duradero. La tierra, el aire, el agua, la vida de la tierra en que vivimos, están siendo afectados por los métodos a menudo irresponsables de fabricación”.

“Se calcula que la producción de indumentaria provoca emisiones de dióxido de carbono de hasta 832 millones de toneladas anuales”. En otro párrafo explica que es un deber de toda la industria incitar y apoyar la producción local y el uso de fibras naturales – lana, seda, lino y de algodón orgánico”.

Más que interesante es el texto completo, porque da señales claras de la problemática mundial de la contaminación provocada por la industria en este caso textil, que produce sin reglas sustentables alentada por el “desenfreno consumista”. Si hacemos un paralelismo con otros sectores, llegaremos a la misma conclusión: la industria debe repensar el presente, porque de lo contrario, no habrá futuro.

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