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05/02/2018

LA GRIETA

Desde hace ya muchos años, se ha instalado una división profunda entre los argentinos. La llamada “grieta” que pone a todos en uno u otro bando. No hay lugar para tibios e imparciales. Se exige, se demanda, se pone la emoción y la pasión en cada gesto, en cada palabra dirigida hacia el adversario, convertido ya en enemigo.

Se impone sobre la razón, quien debiera conducir y morigerar los exabruptos que generan enfrentamientos graves en el seno de una sociedad que aún no ha madurado lo suficiente como para sobreponer la verdad objetiva sobre las subjetividades y verdades a medias o simplemente mentiras que nos rodean, nos aturden y sacuden nuestras vidas a cada instante.

La prensa juega aquí un rol fundamental. A veces con la necesidad de mantener la atención del ciudadano, generan hechos que aún no han ocurrido, para los cuales se utiliza el tiempo verbal condicional. Escuchamos repetidamente, para dar un ejemplo, que “habría cometido..”, “existirían maniobras..,“tendría bienes…,etc., etc. Y la gente cree, porque lo dice la prensa y consecuentemente emite un juicio de condena, raras veces de duda y nunca expresa absolución. Me recuerda al “algo habrán hecho” de los tiempos crueles de las dictaduras.

Cada cual trata de imponer al otro su pensamiento, su verdad, porque es una forma de mantener sus privilegios, de sentir que está en el sitio que le corresponde por derecho propio, el del reconocimiento público. Siempre tiene la razón, porque además ejerce el poder de dominación, marcando fuertemente la relación amo – esclavo, donde el otro es inferior, sin derechos, sin necesidades, solo existe. Deben siempre vencer al otro para afirmar y consolidar su posición.

Los que tienen trabajo, ganan bien, gozan de comodidades y de prestigio, no pueden o no quieren ponerse un instante del lado del otro, aquél que padece la falta de trabajo, que no tiene acceso a la salud, a la educación, a la vivienda digna, a cubrir sus necesidades básicas porque el “sistema” los ha dejado afuera. Entonces se genera una reacción porque no encuentra una posición, una función y un futuro dentro de la sociedad que lo margina. Esa reacción busca ser controlada por los que dirigen, conducen y ejercen el mando. No existe generosidad.

Hoy no se dialoga, se discute. Se lanzan opiniones que tienen más de presunciones basadas en las propias experiencias y en conductas personales que en la verdad objetivada. Esas discusiones arruinan el diálogo, son obstáculo insalvable para el consenso e interrumpen el ciclo virtuoso de la comprensión, la solidaridad y la inclusión. La razón está siempre de un solo lado de la grieta.

Detrás de este análisis, hay gente que sufre, por lo tanto hay que revisar las políticas, aunque la soberbia no permita admitir errores. No se puede en nombre del libre comercio, de la apertura de la economía, de la eficiencia y la competitividad, condenar a inmensos colectivos sociales a los arrabales de la civilización, allí donde hasta la vergüenza se pierde y surgen con fuerza desmedida, los reclamos hacia el resto de la organización social que los centrifuga hacia la periferia de la pobreza y la indigencia.

Cuando me llega alguna crítica por las notas y escritos con que suelo expresar mis pensamientos y analizar el contexto político – económico y social, tengo la prudencia de ver siempre de donde viene, porque respeto y escucho con mucha atención la opinión del inteligente,  no al que  expresa un agravio, sin más sustento que su rechazo hacia lo que no entiende o no es compatible con su pensamiento filosófico, político o religioso.

Cuando alguien se enoja con otro, seguramente es porque ve en ese “otro” conductas propias que rechaza, le disgustan y lo ponen de cara en el espejo de la verdad de su ser. No es posible construir una sociedad armónica, justa, inclusiva, comprensiva, con amor al prójimo, sin el desprendimiento necesario de considerar que el otro es un ser que merece también una oportunidad.

Recordemos que el dinero, el bienestar, el prestigio, el reconocimiento, son efímeros y no pueden ocultar la verdad sobre la finitud de nuestra existencia. Dejemos de seguir profundizando una grieta que solo le conviene a un grupo reducido de personas que quieren mantener sus privilegios y luchan hasta lo imposible para vencer al otro y demostrar que ellos, solo ellos, son poseedores de la verdad y la justicia. Aunemos voluntades y sumemos esfuerzos para tender todos los puentes que nos acerquen unos a otros para concurrir en ese lugar donde todo es posible: el amor.

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